Cuando estamos próximos a la muerte, nuestra mente suele dar un paseo en el anaquel de nuestros ínfimos recuerdos. Aunque esos recuerdos suelen ser aquellos que pasamos con las personas que en algún punto de nuestra vida fueron importantes, mostrándosenos como una bella película.
Pero en mi caso, esa película que debía mostrarme todo aquello bueno de mi vida fue remplazada por las imágenes de una paciente que tuve hace años, en aquel entonces no era más que un graduado en psiquiatría pretencioso y con hambre de éxito; mis casos siempre los resolvía de manera rápida, con poco roce con mis enfermos.
Aun puedo recordar la primera vez que vi a Rebeca, ese día caía un chubasco, el cielo estaba bloqueado por la oscuridad de las nubes que amenazaban con soltar rayos, tal parecía que una ira se apoderaba de el haciéndonoslo notar con la tormenta que se cernía sobre nosotros.
Yo aguardaba por mi paciente en la entrada del manicomio. La figura cuadrada de la camioneta que la transportaba apareció. Esta se estaciono frente a mi abriendo sus puertas de par en par dejándome ver sus entrañas, las cuales arrojaron a una chiquilla de 17 años la cual era sumamente delgada, su apariencia era más la de una pequeña de 13 años, su cuerpo aun no se había desarrollado, ya que aún conservaba las formas inocentes de una niña, sus ojos de un azul como el océano, al igual que este te mostraban una profundidad desconocida, parecía ida, como si nuestra presencia no le perturbara, me sorprendió ver rastros de sangre en el interior, pero ella no mostraba heridas aparentes. Así que solo ordene se le llevara a su cuarto en el pabellón norte.
Cuando rebeca miro por centésima vez el espejo frente a ella, no pareció inmutarse ni un poco, no se podía precisar si acaso se percataba de que cada segundo que pasaba su mirada iba y venia, como quien sigue la pelota en un partido de pin pong, pasaba de ver al espejo a fijar la vista en las palmas de sus manos, lo hacia de una manera rítmica que podía atrapar la vista de quien la observaba.
¿Cuánto tiempo llevaba haciendo eso? No lo sabíamos, incluso pensé que ella tampoco lo sabría, me sentía frustrado, tenía una semana trabajando en su caso pero no podía sacar nada en claro, no hablaba, no me veía, solo se había sentado en su habitación blanca apoyada en el frío suelo, en la pared había un espejo de cuerpo entero el cual estaba montado en una base de madera, muy parecido a los que solían usar reinas y princesas en épocas antiguas.
Era cierto que no había pedido que lo colocaran ahí, pero el día que la trajeron me percate de que en el interior de la camioneta cerca de una esquina estaba ese espejo, así que decidí anexar unas notas junto al expediente que indicaban lo siguiente: “Al separarla del espejo estalla en violentos ataques de ira agrediendo a los presentes, su nivel de agresividad es inimaginable cuatro enfermeros resultaron lesionados al momento de traerla. En extremo peligrosa”
Simplemente no podía entender su fascinación con el espejo, la chica había crecido en un orfanato desde los 8 años, sus padres simplemente se habían esfumado como el humo de un cigarro en una noche de viento. Las mujeres que atendían ese sitio habían comentado que la pequeña siempre se mostró tranquila, introvertida hacia sus compañeros, la única ocasión que una palabra salió de sus labios fue cuando había cumplido 10 años, hasta ese momento habían creído que era muda. Todo ocurrió cuando una noche ayudando a una de las hermanas de orfanato a limpiar un cuarto que usaban como bodega la pequeña había encontrado ese espejo, sus ojos se habían expandido como quien descubre un tesoro y grito con alegría “¡Alice!”, a partir de ese momento no pudieron alejarle de él. Al principio se escabullía encerrándose en la bodega hasta que las madres la hallaban. Cansadas de esa situación habían colocado un enorme candado, pero solo lograron que Rebeca se hiciera daño. La madre superiora agotada por la repetición de los hechos decidió colocar el espejo en la habitación de la chica, no había momento en que no se apartara de su sitio de vigilia.
Los años pasaron y la tímida rebeca se había convertido en una jovencita de 17 años, nunca fue adoptada porque los prospectos para adoptar se perturbaban por la conducta de la chica quien solo repetía las mismas palabras al estar frente al espejo “Alice viajo en el espejo” “Aguardo a que Alice regrese” “Madre me contó de cómo Alice logro pasar el espejo” “¿Podré viajar a través de el yo también?” las palabras las decía con gran ahínco que los niños la comenzaron a llamar rara, muchos no se le acercaban
Ya hacía poco mas de 3 meses desde que comencé a trabajar en el caso de Rebeca, por más que intentase acercarme a ella mis esfuerzos no rendían frutos, esta solo me repetía las mismas palabras que le había dicho con anterioridad a sus compañeros del orfanato. Con esfuerzos lográbamos hacerle probar bocado, así como también pudimos mantenerla aseada, su piel lucia pálida, era tan blanca como el marfil, hasta ahora mi diagnostico no había cambiado en absoluto “Obsesión enfermiza por el cuento Alicia a través del espejo, posiblemente inducido por su madre, al desaparecer esta de su vida es el único lazo fuerte que mantiene con ella, aferrándose al único recuerdo a un grado enfermo por no perder las memorias de un hogar destruido, no hay cura posible mientras el paciente mantenga ese lazo”, varias veces sorprendí a Rebeca intentando extender sus manos hacia el fino cristal del espejo, deteniéndose al último instante sin tocarlo, cuando le cuestionaba el por qué no lo tocaba, esta desviaba la vista visiblemente nerviosa.
La paciencia no era mi mayor virtud, escuchaba a mis compañeros murmurar a mis espaldas, sus comentarios me resultaban molestos, eran como afilados cuchillos que me clavaban en busca de demeritar mi labor al ser principiante… “Se ha estancado en el caso de la loca del espejo” “El director le confirió un caso que un novato no sabría resolver al carecer de experiencia” “Si fuera mi caso hacia tiempo lo hubiera resuelto dando a la chica de alta” “Esa chica ocupa medicación y una linda chaqueta blanca con correas”...Era cierto que no me habían dado más casos mientras no resolviera este que se llevaba la mayor parte de mi tiempo.
Una noche de invierno al escuchar una de las tantas preguntas repetitiva de la joven no me pude contener así que a su pregunta “¿Podré viajar a través de el yo también?” la mire con un gesto de ira contenida y solté con un tono bañado en hielo “¡¡Tú nunca podrás viajar a través del espejo como lo hizo Alice!! Fantasía… ¿No ves que eso es solo una fantasía de niños?” vislumbre lagrimas en sus azules ojos, pero antes de que estas cayeran salí dando un portazo.
Cruce todo el manicomio hasta entrar a mi despacho, no me percate siquiera de que adentro había una mujer sentada en uno de los sillones de piel marrón que adornaban la pieza. Esta tosió un poco llamando mi atención, al girarme vi a una castaña de ojos color miel que me veía con cierto nerviosismo. - ¿Es usted el Dr. Patrick?- hablo en voz baja, lo suficiente para ser escuchada por mí.
Asentí mientras me senté en mi sillón, poniendo de barrera el escritorio en el cual había varias carpetas- Las consultas han terminado por este día.- la mire extrañado, su rostro no me era conocido ni como paciente ni como familiar de alguno- ¿Con quién tengo el gusto?- pregunte curioso.
-Usted no me conoce- la joven vacilo y después agrego- Soy amiga de una paciente suya, su nombre es Rebeca- dijo la mujer la cual andaría rondando los 22 años, esta no me dio tiempo a decir palabra alguna ya que se apresuro a responder- Solía ser su vecina cuando éramos niñas, pero después de…- ella me miro mientras media sonrisa se dibujaba en su rostro- Bueno como sabrá es difícil que una niña siga la pista de otra, pero ahora que soy una mujer es más fácil obtener información si se toca las puertas correctas.
-Comprendo, pero no entiendo el porqué esta aquí- esta vez utilice un tono monótono el cual utilizaba en mi trabajo- Pero a decir verdad, creo que usted podría responder varias incógnitas en este caso.
-¿Qué tipo de incógnitas?- pregunto la joven, mientras se acomodaba en su lugar.
-¿Sabe usted el motivo por el que sus padres la abandonaron? –Observe que la chica desviaba la vista, como quien brinca evitando la mordida de un animal ponzoñoso- Pienso que si comprendo esto, podré ayudarla con su enfermiza obsesión.
-¿Obsesión?- Exclamo la joven frente a mí.
-Así es, la chica está obsesionada con un espejo, repite siempre las mismas oraciones, las cuales incluyen el nombre de Alice- dije lentamente, eligiendo mis palabras al explicar el caso de mi paciente. - Imagino es el ultimo recuerdo que conserva de una madre que en otros tiempos fue amorosa con ella, el cuento de Alicia a través del espejo.
La chica me vio confusa al tiempo que se llevaba ambas manos al rostro.
-Comprendo que esto la afecte señorita, por eso agradeceré me responda algunas preguntas.
-Está mal…- balbuceo la joven.
-¿Perdón?- pregunte.
-Usted está mal doctor…- dijo la chica, esta se hecho un poco hacia el frente, sus ojos lucían vidriosos- Alice era la hermana mayor de Rebeca… fue mi mejor amiga hasta que ocurrió ese incidente.
Quise decir algo pero las palabras no me salieron, así que solo me limite a oír lo que ella me tenía que decir.
-Hace muchos años conocí a la que fue mi mejor amiga, su nombre era Alice, ella tenía una hermana pequeña que la adoraba – hizo una pausa y agrego- Rebeca, un día mientras jugábamos en la planta alta por accidente la pequeña resbalo precipitándose por las escaleras, así que fue Alice quien se lanzo a protegerla, ambas rodaron por los escalones, pero fue siempre su hermana quien la cubrió, antes de estrellarse contra el piso Alice se percato del enorme espejo que les aguardaba al pie de la escalera, así que empujo a su hermanita lo mas que pudo evitando se estrellara, mas no corrió con la misma suerte, aun puedo escuchar el crujido de los vidrios estallando en pedazos, de poco sirvieron los esfuerzos por salvarle, murió desangrada por los graves cortes infringidos en su frágil cuerpo de 11 años.-unas lagrimas corrían libres por las mejillas de la mujer frente a mi- Los siguientes 2 años, su madre le dijo a Rebeca que su hermana había viajado a través del espejo, incluso su padre le compro el cuento de Alicia a través del espejo, la pequeña que no comprendía lo que era la muerte, creyó la historia imaginando era su hermana de quien hablaba el libro. Pero su madre no lo resistió y murió de tristeza, su padre simplemente dejo a Rebeca en un orfanato, volvió a su hogar metiéndose un tiro entre ceja y ceja.
Un escalofrió recorrió mi espina dorsal al comprender, me puse en pie dando un golpe en el escritorio con ambas manos- No puede ser…- Antes de decir más salí corriendo como poseso hacia el pabellón norte, cruce los pasillos sintiendo que arenas movedizas me impedían correr libre, la chica sin entender iba tras de mi tratando de llevarme el paso.
-¡Rebeca!- grite al tiempo que abría la puerta de su habitación, el cuadro frente a mi me dejo perplejo, mis piernas perdieron fuerzas haciéndome caer al piso, mis ojos estaban muy abiertos, apenas podía creer lo que estaba viendo frente a mí, el espejo estaba hecho añicos cubierto por un liquido escarlata, los vidrios cubrían el piso de la habitación.
-¿Rebeca?- escuche la voz de su amiga tras de mi, quise advertirle que no entrara por los vidrios que cubrían el piso pero no me salió la voz, esta entro y pude escuchar un grito surgir de su garganta.
-Fantasía… El espejo nunca me devolverá a Alice…- susurro Rebeca de pie frente al espejo roto, sus plantas desnudas pisaban los vidrios, pequeñas heridas en su blanca piel hacían que un poco de sangre cubriera el piso, sus puños también tenían algunos cortes- Tenía razón doctor… lo toque, intente viajar a través del espejo, pero este no me llevo hacia ella, ni la trajo tampoco- gruesas lagrimas caían por sus mejillas- Pero si me hizo comprender que ella me amo tanto que me protegió con su vida…-su vista se fijo en la chica que estaba parada atrás de mi- ¡Carol!
Debo añadir que después de eso, el caso logro avanzar con rapidez mostrando una mejoría increíble, en un periodo de 4 meses logre hacer que esa chica volviera al mundo, su vida se volvió tranquila, Rebeca se caso con un hombre que supo entenderla y amarla, con el procreo 2 hijas una de las cuales llevo el nombre de Alice en honor a la memoria de su hermana mayor, la segunda fue llamada patricia, ahora que lo pienso, ha sido la mejor película final que mi mente me pudo obsequiar antes de partir, ese fue el inicio de una carrera en ascenso, una vida dedicada a ayudar a otros… y sobre todo… Encontré a la que sería mi esposa por tantos años. Mi vida entera cambio desde el primer momento en que las puertas de esa camioneta blanca se abrieron dejando en mis manos a esa joven de mirada profunda.
-Te amo Rebeca…- dijo en un susurro aquel hombre de mirada cansada, en su cabellera gris aun se vislumbraban rastros de lo que en alguna otra época fue de un tono negro, lentamente cerro los ojos apagando el brillo del ámbar, su cuerpo se fue relajando, mientras sostenía la mano de la mujer de cabellos blancos y bella mirada azul, esta le dijo el ultimo te amo antes de que su esposo se sumiera en el sueño eterno.
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